domingo, 17 de octubre de 2010

Reflexiones post-envío

Si hace unos días os iba a hablar de la sensación de impotencia durante el tiempo de espera en la respuesta de una agencia o editorial, hoy toca hablar del siguiente sentimiento que desde hace unos días hace mella en mi ánimo: el miedo.
Terminé la revisión de la novela (de hecho lo había hecho días antes de recibir la respuesta de la agencia pero decidí a pesar de todo darle una lectura final antes de enviarla), la metí en un sobre y la mandé. Y pocos minutos después ya me estaba comiendo la cabeza y empezaba a sentirme intranquilo.
Porque ahora sé que ya no depende de mí, que lo he hecho lo mejor que he podido y sabido y ahora el futuro de la novela por la decisión de otras personas.
Y tengo miedo. Miedo de que no guste, de que no cumpla las expectativas, de que sea muy larga, y muchos otros elementos.
Sé que quedan meses hasta la respuesta (o tal vez no, pero mucho me temo que llegaré al 2011 sin saber nada), y me digo que así no puedo estar, que tengo que tranquilizarme; pero de momento no lo he conseguido. A la cabeza me vienen párrafos en los que ahora cambiaría algo, capítulos en los que modificaría la estructura y mil modificaciones más. Pero ya no es posible, todas las cartas están repartidas.
En fin, que a ver si pasan pronto estos próximos meses porque entre las últimas semanas del embarazo y esta incertidumbre con respecto a la novela estoy taquicárdico perdido, suerte que mañana empiezo una semana de (en mi opinión) merecidas vacaciones que me sirvan para relajarme un poco.
Y se me ocurre que un buen modo de comenzar a disfrutar de estas vacaciones es acercarme a la librería y ¿eh, qué veo ahí? El libro de una compañera escritora que se acerca con frecuencia por estos lares: Lola mariné y su flamante Nunca fuimos a Katmandú, en las librerías desde el 23 de Septiembre. Y solo os puedo decir una cosa de este libro, mi novia, a la que se lo regalé, ya lo ha terminado y me ha dicho que le ha parecido ameno, realista, que está bien escrito y que felicite a su escritora, así que ya sabéis, haceos con él que os aseguro que mi novia tiene muy buen criterio literario (y que conste que soy objetivo, ¿eh?).

4 comentarios:

Sergio G.Ros dijo...

Jesús, como decías en la entrada anterior, es difícil soportar la espera, respecto al miedo y a cambiar tal o cual cosa es lo más normal del mundo. Aunque dejes una revisión terminada, hastiado porque estés convencido de que no se puede revisar más, lo desconcertante, es que cuando vuelvas a leer los mismos párrafos meses más tarde, comprobarás que cambiarías esto o aquello... y es que los libros son algo vivo... Un abrazo y suerte.

Lola Mariné dijo...

Relajate, Jesús.
Te comprendo perfectamente, todos hemos pasado por eso y es angustioso, pero lo mejor es que te centres en otra cosa (creo que ya tienes bastante con lo que te viene a casa...)
Como dices, no hay nada que puedas hacer.
Gracias por la mención, y me alegro que le haya gustado a tu novia.
Saludos.

Jesús F. dijo...

Pues sí, Sergio, es como dices, llega un punto en que debes dar carpetazo porque si no vivirías en una perenne revisión. Pero eso no quita que luego te quede duda de si pudiste mejorarlo.
Un abrazo.

Jesús F. dijo...

¿Qué tal, Lola? ¡Calla, calla, que ahora es cuando mi novia empieza a estar de los nervios! Nos queda un mes y aún no nos han servido la habitación, quedan cosas por comprar,...
Con respecto a tu novela en cuanto acabe un par de libros que tengo sobre la mesilla me pondré con ella (aunque uno de los que va antes es Un Mundo sin fin, que me parece que me tomará un tiempo).
Un abrazo.