martes, 18 de enero de 2011

Traspasando el ecuador

En estos primeros días de 2011 en que me siento igual que acabé el 2010, es decir, como el conejo blanco de Alicia en el País de las Maravillas, me ha sucedido algo especial: he llegado al meridiano de mi trilogía.

Cuando comencé a escribir la primera novela de esta trilogía veía este punto lejano, y casi sin darme cuenta he llegado. Es un punto de inflexión para los personajes pero también para mí, a partir de ahora la trama va a exigir de mí un esfuerzo suplementario.

Y la verdad es que todo el asunto me da un poco de miedo. Me pilla esta situación en un punto de mi vida personal con continuos cambios, y un año laboral que preveo complicado, y la verdad es que no atino a saber el tiempo del que podré disponer para seguir con Nigromantia. Me sigo diciendo que voy a tratar de escribir aunque sea un par de líneas cada día, pero el hecho es que esta semana pasada solo he podido ponerme frente al teclado un par de días. Y eso que esta era la parte "fácil" de la trilogía, ahora que comienzan los escollos creo que mi avance va a ser bastante más lento.

Pero es que la vida del (padre) escritor es muy dura, je, je. Luego resultará que todo será mucho más fácil de lo que me pensaba y todo irá sobre ruedas. Y entonces por supuesto que os lo contaré.

Ahora os dejo, que aprovecharé para escribir un rato, tengo a un pobre personaje que asesinar, lo siento por él.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Balance

Más de un mes que hace que no dedico un poco de tiempo a este lugar, en fin, echaremos la culpa a Joel por hacer que su padre se pase el día babeando mientras él está en su carrito/su cuna/los brazos de su madre.

En fin, al grano. Llega el fin de este 2010 (por cierto, feliz navidad para todos, y aprovecho para desearos un feliz año nuevo), y toca hacer balance de lo hecho este año.

Acabé 2009 dando los últimos toques a mi penúltima novela, contento por el poco tiempo que me había llevado parirla y con ánimos de pulirla. Meses después eso se tradujo en un manuscrito que creía aceptable y que, masoca de mí, di a leer a un compañero de penurias, Xavi, que me la diseccionó y, sin temor a hacer uso del bisturí, seccionó y mutiló lo que consideró necesario. Así que vuelta a leer y corregir, esta vez con sus anotaciones. Resultado: 30 páginas más, y un nuevo personaje que, ahora me doy cuenta, hacía falta para redondear el conjunto. Ahora esta novela vuela por el mundo, en busca de la ansiada respuesta que me habría hecho un buen regalo de Papá Noel. Pero esperar es lo que toca, y Job me enseñó muy bien a hacerlo.

Comencé entonces con la segunda parte de esa trilogía, y si bien al principio comenzó bien, ahora llevo unos días hundido en un cenagal, cada vez hay que hilar más fino y poner riendas a los personajes, que están ya curtidos y tienden a desobedecer. No obstante llevo ya 140 folios, en lo que podría considerar un poco más de un tercio del volúmen.

A todo esto las kedadas que comenzamos tres miembros de Prosófagos (Montse, Xavi y yo) han ido creciendo en número de participantes y profesionalizándose, es un hábito que hemos cogido con gustillo y que repetimos cada dos o tres meses, la próxima cae en Febrero por lo que ya avisaré.

En Junio asistí a un programa de radio local al que me invitaron mis profesores del Taller de Escritura Creativa, y lo cierto es que quedé muy contento con la experiencia, si bien es cierto que no puse el link para que me escuchaseis por la vergüenza, ¡qué le voy a hacer, tímido que es uno!

También antes del verano fui jurado de un certámen de relatos de Badalona, de nuevo junto a Montse y Xavi, y fue una experiencia gratificante, tendemos a pensar que los jóvenes solo piensan en Facebook, Tuenti y PlayStation y ¡qué queréis que os diga!, me encantó poder leer tanta calidad, tantas ilusiones y tanta energía en sus textos, y ver las caras ilusionadas de los ganadores al recibir el premio.

Por último, por situación temporal que no por importancia, he colaborado con un par de aportaciones en una revista de ocio, juegos, literatura y arte digital de Xavi (te he nombrado cuatro veces en este texto, estamos a punto de convertirnos en pareja de hecho, je, je), cuyo link os dejo arriba a la derecha, justo debajo de Prosofagia. Echadle un vistazo, ha comenzado con una calidad notable y su futuro problema. ¡Ánimo, compañero, a por el 3!

O sea que miro para atrás, en este año negativista en el que todo ha parecido gris y uniforme, y veo todo lo que he aprendido y hecho. ¿Es hora de pensar en cambiar el título de este blog?

Momento off-topic: evidentemente el logro más importante este año tiene dos ojitos, una naricilla respingona y una boquita pequeñaja que es cierto que me ha quitado mucho tiempo, pero que me hace reír como un tonto cuando me mira y me coge con su manita de los dedos.

Pero bueno, ¡dejémenos de sensiblerías! A disfrutar de la fiesta de mañana, no os atragantéis con las uvas y, de nuevo ¡FELIZ AÑO 2011!

martes, 23 de noviembre de 2010

Dividido entre mis hijos

Mientras poco a poco voy retomando las riendas de este caballo desbocado en que se ha convertido mi vida, y acostumbrándome a dormir un máximo de tres o cuatro horas seguidas por la noche, me voy familiarizando con ese extrañito que ha llegado a nuestras vidas.

Pensaba que cuando llegase este momento, con tanto cambio en mi vida, tal vez mi afición pasaría temporalmente a un segundo plano, y de hecho los últimos días antes del parto escribí de manera casi desaforada, no sabía cuándo volvería a ponerme frente al portátil sin tener que cambiar un pañal o ir al pediatra.

El caso es que no ha sido así, tanto mi pareja como yo nos desempeñamos bastante bien y, si bien es cierto que los primeros días las minúsculas vocecillas de mis personajes me pedían un poco de atención, en particular Gustav estaba a punto de cogerse un berrinche porque había dejado un capítulo suyo a medias (cosas que suceden cuando tu novia te dice desde el baño: cariño, creo que he roto aguas), ahora vuelvo a ratos a su mundo y les dejo contentos. No es que unas prioridades hayan desplazado a otras, simplemente han encontrado el modo de convivir todas ellas y de no interferir.

Resumiendo, creo que ahora mismo soy muy feliz (aunque mi gato no tanto, dejó de ser el pequeñajo de la casa).

Por último,quiero agradecer las muestras de cariño de quienes me habéis escrito o llamado, y siento no haber contestado a quienes comentasteis en mi anterior entrada, pero de verdad que os agradezco mucho vuestras palabras de cariño, gracias, de verdad.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Una de retrospectiva

Apurando mis última horas/días antes de ser papá sigo rebuscando en las tripas de mi ordenador y está resultando ser un ejercicio de nostalgia intenso.

Comencé con esta historia con el ánimo de ocupar mi (escaso) tiempo libre sin pensar en lo que me queda para recibir respuesta y además para ver qué tenía pendiente o sin acabar y de este modo establecer un virtual punto de inflexión en mi vida y ver qué he dejado sin hacer o qué caminos he tomado.

Y están revisitándome numerosos fantasmas.

Cuando empecé a escribir siempre deseé dedicarme al género del terror, y por ahí fueron casi todos mis primeros relatos que ahora he leído de nuevo (y me he sonrojado con algunos de ellos, todo hay que decirlo) y he recordado el afán que tuve durante un par de años por recopilarlos en un único tomo, muy lovecraftiano.

También he recuperado una antigua novela de fantasía ambientada en un mundo parecido al nuestro pero que no lo es (los que hayáis leído La Torre Oscura entenderéis un poco a lo que me refiero) y que no descarto retomar en un futuro, al fin y al cabo ya tengo los dos primeros capítulos escritos, que son los más difíciles, je, je.

Y por supuesto he leído esos cuentos de amores desoladores y con finales trágicos que durante una época también me dio por pertrechar.

No obstante no me arrepiento de nada de todo aquello, ha sido un largo camino que, paso a paso y etapa a etapa me ha llevado hasta la actualidad; y si bien muchas de aquellas primeras intentonas habría que reescribirlas casi por completo, también es cierto que ahora no estaría esperando una respuesta de no haber madurado lo suficiente gracias a la experiencia.

Un largo camino, como decía, pero ahora miro a ese muchachillo de veintipocos años y sonrío al recordar lo inocente que era por aquel entonces, y lo poco que sabía de muchas cosas.

¡Buf, y todo esto me ha hecho sentirme muy mayor, y apenas tengo treinta y un años! Creo que es hora de ir dejándolo por hoy.

jueves, 28 de octubre de 2010

un momento Kit-Kat

Como quiero evadirme de la sensación que me provoca la Espera, llevo unos días rebuscando en las tripas del ordenador y he encontrado este mini relato que hoy quiero compartir con vosotros. Por lo demás, tampoco hay novedades en el frente en el tema bebé, aunque estamos mi novia y yo corriendo como locos para tener todo preparado, que el plazo se acaba (y ya me estoy poniendo de nuevo nervioso, ¡qué estrés!).

Espero que os guste.



LLEGA LA PRIMAVERA

Una mirada, tan solo una mirada. Una mirada es todo lo que nos une cada mañana, una mirada nos transporta a un imaginario mundo en el que solo existimos ella y yo.

A las ocho y cuarto la veo aparecer, baja las escaleras de la estación corriendo, casi siempre con prisa. Cuando pasa por mi lado gira la cabeza, me mira y sonríe. Debo gustarle, tal vez el hoyuelo que me marca la barbilla, tal vez mis ojos negros. O quizás solo le guste el traje que indefectiblemente visto, oscuro y de Massimo Dutti. Ella unos días lleva vaqueros, otros falda. Yo siempre mi sempiterno traje.

Tras ese íntimo momento en que nuestras miradas se cruzan ella se aleja escaleras abajo, hacia su andén. No sé a dónde se dirige, ni nunca lo sabré. Dios sabe que deseo correr tras ella, hablarle, susurrarle lo que siento, abrazarla. Pero no lo haré, claro, me limitaré a mirarla desde detrás de este cristal y ver cómo se aleja. Y sufriré en silencio por aquellas palabras que me encantaría decir y que nunca saldrán de mis labios.

Nunca me muevo de mi sitio, claro, es lo lógico. De lo contrario ya me gustaría ver la cara de la gente de la estación. Siempre estoy aquí, contra la pared, deseando que pasen las horas y que llegue pronto la mañana siguiente, esa hora en que la veo aparecer.

¿Será el hoyuelo, mis ojos, o el traje?

Hoy ha vuelto a pasar por delante de mí. Corría más deprisa de lo normal, y de hecho eran las ocho y veinte. Cinco minutos que a mí me parecen irrisorios después de las horas que me paso esperándola, pero que para ella resultan ser un mundo. Aminora su marcha y gira la cabeza, pero no llega a detenerse y no me sonríe. Y yo quiero gritarle que mañana no estaré aquí, pero claro, sigo callado. Aunque pudiese hacerlo tampoco sé si me escucharía a través del cristal. La veo alejarse y entonces escucho de nuevo los pasos de los dos hombres que han venido hace un rato. Traen las llaves que abren la puerta que me retiene, y uno de ellos porta un rollo que extiende en el suelo, ante mí. Ahora ella no mirará hacia donde yo solía estar, pero en su lugar muchos hombres se pararán y hablarán el lenguaje secreto de las miradas.

El cartel que me sustituirá muestra a dos exuberantes chicas con unas faldas cortas y camisetas de tirantes que enseñan parte de su pecho.

Cuando los dos hombres abren mi prisión dispuestos a descolgarme, miro de nuevo a las chicas y pienso que, después de todo, la primavera ha llegado al Corte Inglés.

domingo, 17 de octubre de 2010

Reflexiones post-envío

Si hace unos días os iba a hablar de la sensación de impotencia durante el tiempo de espera en la respuesta de una agencia o editorial, hoy toca hablar del siguiente sentimiento que desde hace unos días hace mella en mi ánimo: el miedo.
Terminé la revisión de la novela (de hecho lo había hecho días antes de recibir la respuesta de la agencia pero decidí a pesar de todo darle una lectura final antes de enviarla), la metí en un sobre y la mandé. Y pocos minutos después ya me estaba comiendo la cabeza y empezaba a sentirme intranquilo.
Porque ahora sé que ya no depende de mí, que lo he hecho lo mejor que he podido y sabido y ahora el futuro de la novela por la decisión de otras personas.
Y tengo miedo. Miedo de que no guste, de que no cumpla las expectativas, de que sea muy larga, y muchos otros elementos.
Sé que quedan meses hasta la respuesta (o tal vez no, pero mucho me temo que llegaré al 2011 sin saber nada), y me digo que así no puedo estar, que tengo que tranquilizarme; pero de momento no lo he conseguido. A la cabeza me vienen párrafos en los que ahora cambiaría algo, capítulos en los que modificaría la estructura y mil modificaciones más. Pero ya no es posible, todas las cartas están repartidas.
En fin, que a ver si pasan pronto estos próximos meses porque entre las últimas semanas del embarazo y esta incertidumbre con respecto a la novela estoy taquicárdico perdido, suerte que mañana empiezo una semana de (en mi opinión) merecidas vacaciones que me sirvan para relajarme un poco.
Y se me ocurre que un buen modo de comenzar a disfrutar de estas vacaciones es acercarme a la librería y ¿eh, qué veo ahí? El libro de una compañera escritora que se acerca con frecuencia por estos lares: Lola mariné y su flamante Nunca fuimos a Katmandú, en las librerías desde el 23 de Septiembre. Y solo os puedo decir una cosa de este libro, mi novia, a la que se lo regalé, ya lo ha terminado y me ha dicho que le ha parecido ameno, realista, que está bien escrito y que felicite a su escritora, así que ya sabéis, haceos con él que os aseguro que mi novia tiene muy buen criterio literario (y que conste que soy objetivo, ¿eh?).