Minientrada la de esta semana, y encima no la que me había prometido escribir, que tendrá que esperar a la siguiente ocasión; pero como esta semana ha sido caótica y tanto el día de hoy y mañana serán peores (cosa de vivir lejos y pasar estos días con la familia), solo puedo añadir:
¡¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!
Ya hace años que iniciamos este recorrido, pleno de etapas y baches. Y la ilusión sigue ahí, pero ahora se le ha unido la experiencia. Comienza un nuevo viaje.
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sábado, 24 de diciembre de 2011
sábado, 22 de octubre de 2011
The End
Desde que abrí este blog, desde antes en realidad, he medido el tiempo como intervalos de cortos ciclos: ahora terminaba una novela, ahora trabajaba en la corrección de otras, ahora me planteaba, preparaba y ultimaba mi salto a Amazon,...Pero todos esos ciclos han estado englobados en uno más largo que ayer se acabó.
El párrafo anterior es el único que dedicaré a la literatura y escritura en esta entrada de hoy, hoy quiero dedicar estas líneas a un tema off-topic de la naturaleza de este blog: mi trabajo.
Hace más de nueve años y medio, siendo apenas un niño con la cabeza llena de pájaros, abandonaba mi Madrid natal para comenzar a trabajar en un hotel, y cuando el taxi en el que me encontraba se detuvo ante una inmensa torre de catorce edificios no supe si volver a mi casa o quedarme.
Esos primeros años fueron muy buenos, entre otras cosas porque conocí a la que hoy es mi pareja y madre de mi hijo, pero también porque aprendí vivir solo y a desenvolverme, lejos de la seguridad de mamá y papá.
Luego vino Salamanca, una ciudad que siempre llevaré en mi corazón, así como a gran parte de la gente que allí conocí, por muy lejos que ahora se encuentren.
Después vuelta a mis orígenes, estancia de dos años y medio en Alcalá donde adoptamos a esta mole naranja de nueve kilos que allí era un gatito pequeño, y desde donde pegué el salto de nuevo a Barcelona, donde finalmente me he asentado, me he hipotecado y he sido padre (ya hace casi un año, ¡cómo pasa el tiempo!).
Todas esas experiencias vividas las debo a la movilidad que mi empresa me ha permitido, todos los buenos momentos y, como ya he dicho, la existencia de ese pequeñajo que me lleva sonriendo un rato para ver si juego con él.
Ha habido malos momentos, claro, este último mes ha sido infernal, por ejemplo, pero siempre me llevo lo bueno de mis experiencias, y solo el hecho de que el libro de Letras y Personas exista hace que me olvide de gran parte de lo malo.
Así que gracias, Ibis, y gracias a las personas que lo conformáis, aquellas que conozco desde el día en que me bajé de aquel taxi y a las que ayer mismo me despedían. Gracias, os deseo a todos vosotros lo mejor.
El lunes se abre un nuevo ciclo, no sé si más largo o más corto que el anterior, pero que se promete intenso.
Si has seguido leyendo hasta aquí también te doy gracias por la licencia que me he permitido de "pegarte la chapa" con esta entrada, pero necesitaba despedirme de esta cuasi-década de mi vida para poder mirar al futuro (que, espero, esté lleno de páginas y páginas de libros).
El párrafo anterior es el único que dedicaré a la literatura y escritura en esta entrada de hoy, hoy quiero dedicar estas líneas a un tema off-topic de la naturaleza de este blog: mi trabajo.
Hace más de nueve años y medio, siendo apenas un niño con la cabeza llena de pájaros, abandonaba mi Madrid natal para comenzar a trabajar en un hotel, y cuando el taxi en el que me encontraba se detuvo ante una inmensa torre de catorce edificios no supe si volver a mi casa o quedarme.
Esos primeros años fueron muy buenos, entre otras cosas porque conocí a la que hoy es mi pareja y madre de mi hijo, pero también porque aprendí vivir solo y a desenvolverme, lejos de la seguridad de mamá y papá.
Luego vino Salamanca, una ciudad que siempre llevaré en mi corazón, así como a gran parte de la gente que allí conocí, por muy lejos que ahora se encuentren.
Después vuelta a mis orígenes, estancia de dos años y medio en Alcalá donde adoptamos a esta mole naranja de nueve kilos que allí era un gatito pequeño, y desde donde pegué el salto de nuevo a Barcelona, donde finalmente me he asentado, me he hipotecado y he sido padre (ya hace casi un año, ¡cómo pasa el tiempo!).
Todas esas experiencias vividas las debo a la movilidad que mi empresa me ha permitido, todos los buenos momentos y, como ya he dicho, la existencia de ese pequeñajo que me lleva sonriendo un rato para ver si juego con él.
Ha habido malos momentos, claro, este último mes ha sido infernal, por ejemplo, pero siempre me llevo lo bueno de mis experiencias, y solo el hecho de que el libro de Letras y Personas exista hace que me olvide de gran parte de lo malo.
Así que gracias, Ibis, y gracias a las personas que lo conformáis, aquellas que conozco desde el día en que me bajé de aquel taxi y a las que ayer mismo me despedían. Gracias, os deseo a todos vosotros lo mejor.
El lunes se abre un nuevo ciclo, no sé si más largo o más corto que el anterior, pero que se promete intenso.
Si has seguido leyendo hasta aquí también te doy gracias por la licencia que me he permitido de "pegarte la chapa" con esta entrada, pero necesitaba despedirme de esta cuasi-década de mi vida para poder mirar al futuro (que, espero, esté lleno de páginas y páginas de libros).
viernes, 12 de noviembre de 2010
lunes, 5 de octubre de 2009
Una de juegos
Desde hace dos días por motivos técnicos (básicamente la conexión de mis padres, que decidió irse de fin de semana), no he podido cumplir mi rito semanal de escribir una entrada semanal en el blog, pero bueno, vamos a ello.
El caso es que además tenía el tema preparado desde hace unos días, cuando contestando en este blog a un comentario de una asidua visitante aficionada a los vampiros (no voy a dar más pistas, je, je), hablé de un tipo de juegos, recomendándoselo.
Los juegos a los que me refería son los juegos de rol, y hoy os voy a contar de qué manera me resultaron beneficiosos para mi faceta de escritor.
Para los que no los conozcan, empezar contando lo malo o más desagradable de ellos. Aquí en España hubo un par de asesinatos que la prensa y la televisión no tardó en asociar al género de los juegos de rol (y con razón, en parte; uno de los asesinados fue durante una partida en vivo), y se aprovechó para hacer una caza de brujas. No os cuento los problemas que tuve con mi familia por jugar a dichos juegos. Y aunque como ya he dicho los juegos fueron la justificación, es cierto que no tenían más responsabilidad que el fútbol en el caso de que en una pelea entre hinchas de equipos rivales uno sea asesinado.
Pero bueno, dejando eso aparte, os voy a contar a grandes rasgos en qué consiste esto del rol. Temáticas hay muchas y muy diferentes: fantasía, los mundos de Lovecraft, vampiros,… y para jugar la mayoría de las veces solo se necesita un libro con las reglas, papel para dibujar mapas y cosas así, dados, unos personajes creados por los jugadores y, lo más importante, imaginación.
Ahí está el quid de la cuestión. Son juegos que, bien jugados, te hacen pensar e imaginar para solventar una situación. Ya de por sí algo que te haga pensar en vez de darte todo masticado tiene obvias ventajas, pero aún hay más.
En el juego de los jugadores es el director de la parida, y establece un trasfondo, una situación o una problemática para el resto de los jugadores, y dichos jugadores deben enfrentase a ella y, en la medida de lo posible, solventarla y salir airosos de ella. Esto se consigue como ya he dicho con la imaginación, las ideas y el curso de las conversaciones entre jugadores, y por medio de otro elemento no menos importante, las tiradas de dados que son las que dictaminarán el éxito o fracaso de acciones tales como trepar a un árbol o encontrar un libro oculto tras unos tablones, por poner un par de ejemplos.
Leo lo escrito y veo que estoy metiendo un texto un poco farragoso, sobre todo para quien no conozca el tema, pero ya llegamos al punto clave.
Siempre que jugué a rol lo hice como director de la partida, lo cual implica preparación, documentación, tomar notas, buscar mapas,… ¿os suena todo eso? Actividades paralelas a las que muchos realizamos a la hora de comenzar un nuevo cuento, libro, o lo que sea.
Más tarde, una vez empezada la partida y con el resto de jugadores preparados, el director debe establecer una situación creíble, detallada y descriptiva. No olvidemos que el juego se desarrolla prácticamente en la imaginación de los jugadores, por lo que si se encuentran dentro de una habitación, debes ser capaz de poder describírsela de tal modo que todos la vean en su cabeza de la manera que tú quieres. Exactamente igual que en una novela.
Mueves a los personajes, pero son ellos los que deciden, son el resto de jugadores los que muchas veces te van a sorprender saliéndose por las ramas o encontrando una solución en la que no habías caído, y se exige de ti que tengas la suficiente rapidez como para que puedas desarrollar la nueva situación en la que la partida ha desembocado.
Es decir, echo la vista atrás, pues hará cosa de siete u ocho años que no juego, y veo mucho paralelismo entre aquellas partidas que creé en su día y los libros que hoy escribo. Si soy capaz de describir un pueblo es porque, no lo dudo, todas aquellas partidas me ayudaron a pulir mi técnica. Y lo mismo a la hora de documentarme. Debo confesar que para mi segunda novela utilicé unos mapas y unas anécdotas que ya un día usé en una partida.
Sinceramente pienso que cualquier persona aficionada a escribir debería probar uno de estos juegos, es estimulante intelectualmente hablando ver cómo los personajes (el resto de jugadores), se enfrentan a las adversidades y tratan de salirse del tiesto, poniéndonos las cuerdas (aunque hay veces que nuestros propios seres de ficción, nos ponen casi en la misma situación).
¿Y vosotros, habéis jugado alguna vez a uno de estos juegos?
El caso es que además tenía el tema preparado desde hace unos días, cuando contestando en este blog a un comentario de una asidua visitante aficionada a los vampiros (no voy a dar más pistas, je, je), hablé de un tipo de juegos, recomendándoselo.
Los juegos a los que me refería son los juegos de rol, y hoy os voy a contar de qué manera me resultaron beneficiosos para mi faceta de escritor.
Para los que no los conozcan, empezar contando lo malo o más desagradable de ellos. Aquí en España hubo un par de asesinatos que la prensa y la televisión no tardó en asociar al género de los juegos de rol (y con razón, en parte; uno de los asesinados fue durante una partida en vivo), y se aprovechó para hacer una caza de brujas. No os cuento los problemas que tuve con mi familia por jugar a dichos juegos. Y aunque como ya he dicho los juegos fueron la justificación, es cierto que no tenían más responsabilidad que el fútbol en el caso de que en una pelea entre hinchas de equipos rivales uno sea asesinado.
Pero bueno, dejando eso aparte, os voy a contar a grandes rasgos en qué consiste esto del rol. Temáticas hay muchas y muy diferentes: fantasía, los mundos de Lovecraft, vampiros,… y para jugar la mayoría de las veces solo se necesita un libro con las reglas, papel para dibujar mapas y cosas así, dados, unos personajes creados por los jugadores y, lo más importante, imaginación.
Ahí está el quid de la cuestión. Son juegos que, bien jugados, te hacen pensar e imaginar para solventar una situación. Ya de por sí algo que te haga pensar en vez de darte todo masticado tiene obvias ventajas, pero aún hay más.
En el juego de los jugadores es el director de la parida, y establece un trasfondo, una situación o una problemática para el resto de los jugadores, y dichos jugadores deben enfrentase a ella y, en la medida de lo posible, solventarla y salir airosos de ella. Esto se consigue como ya he dicho con la imaginación, las ideas y el curso de las conversaciones entre jugadores, y por medio de otro elemento no menos importante, las tiradas de dados que son las que dictaminarán el éxito o fracaso de acciones tales como trepar a un árbol o encontrar un libro oculto tras unos tablones, por poner un par de ejemplos.
Leo lo escrito y veo que estoy metiendo un texto un poco farragoso, sobre todo para quien no conozca el tema, pero ya llegamos al punto clave.
Siempre que jugué a rol lo hice como director de la partida, lo cual implica preparación, documentación, tomar notas, buscar mapas,… ¿os suena todo eso? Actividades paralelas a las que muchos realizamos a la hora de comenzar un nuevo cuento, libro, o lo que sea.
Más tarde, una vez empezada la partida y con el resto de jugadores preparados, el director debe establecer una situación creíble, detallada y descriptiva. No olvidemos que el juego se desarrolla prácticamente en la imaginación de los jugadores, por lo que si se encuentran dentro de una habitación, debes ser capaz de poder describírsela de tal modo que todos la vean en su cabeza de la manera que tú quieres. Exactamente igual que en una novela.
Mueves a los personajes, pero son ellos los que deciden, son el resto de jugadores los que muchas veces te van a sorprender saliéndose por las ramas o encontrando una solución en la que no habías caído, y se exige de ti que tengas la suficiente rapidez como para que puedas desarrollar la nueva situación en la que la partida ha desembocado.
Es decir, echo la vista atrás, pues hará cosa de siete u ocho años que no juego, y veo mucho paralelismo entre aquellas partidas que creé en su día y los libros que hoy escribo. Si soy capaz de describir un pueblo es porque, no lo dudo, todas aquellas partidas me ayudaron a pulir mi técnica. Y lo mismo a la hora de documentarme. Debo confesar que para mi segunda novela utilicé unos mapas y unas anécdotas que ya un día usé en una partida.
Sinceramente pienso que cualquier persona aficionada a escribir debería probar uno de estos juegos, es estimulante intelectualmente hablando ver cómo los personajes (el resto de jugadores), se enfrentan a las adversidades y tratan de salirse del tiesto, poniéndonos las cuerdas (aunque hay veces que nuestros propios seres de ficción, nos ponen casi en la misma situación).
¿Y vosotros, habéis jugado alguna vez a uno de estos juegos?
sábado, 28 de marzo de 2009
vacaciones
Buenas noches,
Acabo de volver de unos días de vacaciones en Granada y nunca fue más real para mí el refrán "Dios le da pan al que no tiene dientes".
Una de las peores cosas que llevo es el hecho de tener ideas y no poder plasmarlas. Evidentemente siempre llevo encima una pequeña agenda y un bolígrafo, pero muchas veces no es suficiente. Y por ello he pasado estos días.
Cuando hice la maleta mi novia me miró y me preguntó con sarcasmo si verdaderamente pensaba llevarme el portátil, con lo cual lo saqué y esperé no lamentar esta decisión. ¿Adivináis lo que sucedió?. Os lo puedo resumir con pocas palabras. Capítulos enteros, así como ideas para tramas alternativas y conversaciones completas que súbitamente aparecían ante mí, ora en la playa, tomando pescaítos,...
En fin, un completo desastre, he tratado de escribir y retener lo que he podido, pero desde el momento en que he llegado a casa y he pasado todo al portátil he sido consciente de que por el camino se habían perdido cosas. Nunca sé cuándo va a visitarme mi musa particular y me va a alumbrar, pero a estas alturas de la película ya debería recordar que acostumbra a visitarme cuando más relajado estoy, alejado de mi trabajo, y debería tomar medidas al respecto.
Total, que la próxima vez que me vaya de vacaciones haré la maleta y no miraré a la cara que ponga mi novia, ni haré caso de lo que me diga.
El portátil se vendrá a la playa conmigo.
Acabo de volver de unos días de vacaciones en Granada y nunca fue más real para mí el refrán "Dios le da pan al que no tiene dientes".
Una de las peores cosas que llevo es el hecho de tener ideas y no poder plasmarlas. Evidentemente siempre llevo encima una pequeña agenda y un bolígrafo, pero muchas veces no es suficiente. Y por ello he pasado estos días.
Cuando hice la maleta mi novia me miró y me preguntó con sarcasmo si verdaderamente pensaba llevarme el portátil, con lo cual lo saqué y esperé no lamentar esta decisión. ¿Adivináis lo que sucedió?. Os lo puedo resumir con pocas palabras. Capítulos enteros, así como ideas para tramas alternativas y conversaciones completas que súbitamente aparecían ante mí, ora en la playa, tomando pescaítos,...
En fin, un completo desastre, he tratado de escribir y retener lo que he podido, pero desde el momento en que he llegado a casa y he pasado todo al portátil he sido consciente de que por el camino se habían perdido cosas. Nunca sé cuándo va a visitarme mi musa particular y me va a alumbrar, pero a estas alturas de la película ya debería recordar que acostumbra a visitarme cuando más relajado estoy, alejado de mi trabajo, y debería tomar medidas al respecto.
Total, que la próxima vez que me vaya de vacaciones haré la maleta y no miraré a la cara que ponga mi novia, ni haré caso de lo que me diga.
El portátil se vendrá a la playa conmigo.
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